Hay que reirse de uno mismo

Muchas veces las cosas hay que tomárselas como vienen y, no siempre es importante como empiezan, sino como acaban. Hoy tuve uno de esos días de chiste que me apetece compartir con vosotros, y así también me rio un poco.

Me levanté temprano para coger el vuelo de las 7.30 e ir a Madrid. En el camino iba sopesando si dejar el coche en el parking todo el día, o buscar un sitio en los alrededores, total a esa hora malo sería que no encontrase donde dejarlo y así ahorrar los 10 euros mínimo que me iban a cobrar. Así que lo aparque en las afueras y me dirigí al aeropuerto. 

Iba yo tan tranquila por el arcén cuando de repente empecé a tambalearme y me vi espatarrada en el suelo. Caí de cabeza contra la carretera y lo primero que paró el golpe fue la nariz. Rauda y veloz me dispuse a levantarme (yo pensaba ¿pero seré subnormal? ¿qué hago aquí tirada? ¿y si pasa alguien y me ve aquí?).

reirse de uno mismo

Al momento sentí que goteaba sangre y que tenía un fuerte dolor en la nariz. Me dispuse a buscar un pañuelo en el bolso, pero era misión imposible, la sangre me goteaba tanto que empecé a asustarme. Al final encontré el pañuelo, me lo puse en la nariz y me dirigí al aeropuerto.

Cuando llegue a emitir el billete mi aspecto debía de ser un poema, las manos ensangrentadas la cara tambien, la nariz amoratada (eso lo supe después, cuando me vi en el espejo).

La chica del mostrador me pregunto qué me habia pasado y si necesitaba ayuda y yo ancha como unas pascuas la dije que me habia caido, que no era nada y me fui al baño.

Me lave las manos, la cara, miré la brechita de la nariz y el derrame del golpe, pero bueno me dije: esto no es nada dejará de sangrar y nos vamos a Madrid. Jajaja no contaba yo con eso de la presión de las alturas y estuve sangrando durante todo el vuelo, vamos que la azafata me dio como seis servilletas para ir taponando porque yo ya no tenía más pañuelos.

Afortunadamente llegué a Madrid, la brecha dejó de sangrar y yo más contenta que unas pascuas.

Me dispuse a coger un taxi para llegar al sitio de la reunión porque era una zona nueva a las afueras y no había metro. Le di la dirección al taxista (¡qué ingenua!), pues al poco tiempo me dice que si yo le indico para ir, que tiene un mapa de esa zona, pero que las calles no le aparecen con nombre y no sabe llegar (¡pero como se puede ser taxista en Madrid sin GPS, pensé!). Al final me dejó en la zona y encontré el sitio, menos mal, una cosa menos.

Cuando llegué a la reunión fui la atracción de la fiesta (es que no me había dado cuenta de que durante todo este tiempo la nariz fue hinchando y se convirtió en patata) y todos me preguntaban ¿Qué te ha pasado? Bueno, que fatal, lo único que quería era que acabara la reunión. En fin, que todo pasó, se terminó la reunión, me despedí y salí.

Iba yo tan contenta, inocente de mí, andando unos metros, cuando me doy cuenta de que el tacón de mi zapato se ladea, a lo que deduzco cuál fue el motivo del tambaleo de esta mañana. Ostras, el tacón pende de un hilo, casi no puedo andar, así que oteo el horizonte y veo a 100 metros un centro comercial, pues hala, me voy al Corte y me compro unos zapatos nuevos, que me pongo en el acto. ¡Mira por donde me he ganado unos zapatos!

A ver si acaba el día, que estoy cansada, quiero llegar a casa, así que cojo un taxi, esta vez sin incidencias y llego al aeropuerto. El avión lleva retraso, para empezar 30 minutos (una buena excusa para visitar las tiendas), finalmente embarcamos y una vez que me siento, me relajo y pienso que por fin para casa; entonces nos anuncian que tenemos un tiempo de espera estimado para despegar de 1 hora, y se quedan tan panchos. ¡Pues nada, me leo las revistas que he comprado y ya está!

Finalmente llego a casa con retraso, pero llego. Lo mejor, que me reciben con un beso, una sonrisa y un abrazo.

Al final el día acabó perfecto. ¿Qué más puedo pedir?

Saldo del día: Un pantalón roto, unos zapatos con tacón roto, moratones y rasguños en las rodillas, rasguños en una mano, brecha y contusión en nariz, contractura en el cuello , un beso, una sonrisa y un abrazo.

Espero que os hayáis reído de lo lindo.

por Lola Calvo

Coordinadora del equipo de Contabilidad de vForwarding